Lo que vimos con la presentación del nuevo Tesla Roadster, a mediados de octubre y tras casi nueve años de espera desde su primer anuncio, es una pasada como espectáculo. Pero muchos se preguntan cuál puede ser la aplicación real de este coche en el día a día. Con promesas de aceleración estratosféricas, el Roadster parece más pensado para acaparar titulares que para resolver la movilidad de cada día. Y conviene recordar que, según el propio Musk, la producción no empezaría hasta 12-18 meses después de la presentación.
Para cualquier marca, el caso ilustra el papel del «producto halo». Un producto halo no se crea para ser el más vendido ni para sostener las cuentas; se crea para proyectar liderazgo tecnológico, despertar admiración y colocar a la marca en lo más alto de su categoría. Quien compra el modelo más asequible de esa misma marca lo hace, en parte, contagiado por el prestigio de ese coche inalcanzable.
La lección para pymes y profesionales de servicios es preguntarse si tienen su propio producto estrella. Aunque la mayor parte de tus ingresos venga de servicios estándar, tener una oferta prémium de máxima calidad, aunque la contraten pocos clientes, eleva la percepción de valor de todo tu negocio. Ese proyecto insignia muestra hasta dónde eres capaz de llegar y ayuda a vender el resto del catálogo con más facilidad y mejores márgenes. Eso sí, cumple lo que prometes: un producto halo que se retrasa años también desgasta la credibilidad.
Tener un producto que marque el techo de tu excelencia ayuda a vender todo lo que hay por debajo.
¿Tenéis un producto o servicio de gama alta que haga de escaparate? ¿Qué opináis de la estrategia de Tesla con el Roadster?
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