El 18 de agosto comenzó en Oakland (California) el macrojuicio federal contra Meta impulsado por cuatro estados, California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey, en representación de una coalición mucho más amplia. La acusación: que la compañía diseñó Facebook e Instagram para enganchar a los más jóvenes y que sabía del daño a su salud mental, pero lo ocultó. Meta lo niega y defiende que invierte mucho en seguridad. El fiscal general de Kentucky llegó a calificarlo como la mayor demanda de protección del consumidor de la historia de Estados Unidos. Pocos días después, Meta alcanzó un acuerdo para cerrar el caso, del que hablamos en otro tema del foro.
Para el sector del marketing y los anunciantes, este escenario obliga a reflexionar. Durante años se ha aplaudido la retención extrema como el gran indicador de éxito digital, sin importar el coste para el bienestar del usuario. Con tribunales y gobiernos apretando, las marcas que invierten en estas plataformas deben asumir que el público castigará cada vez más los modelos que exprimen la atención a cualquier precio.
La lección para pymes y profesionales es apostar por un marketing ético y útil frente a las trampas de captación agresiva. No construyas tu relación con la comunidad a base de clickbait, de alimentar la ansiedad de tus seguidores o de crear dependencia. Una marca sana aporta utilidad, respeta el tiempo de sus clientes y promueve un consumo digital consciente. La confianza a largo plazo es mucho más rentable que unos minutos de retención artificial.
La sostenibilidad de un negocio también se mide por cómo trata la atención y el bienestar de su público.
¿Creéis que estos juicios cambiarán el diseño de las redes sociales? ¿Deberían los anunciantes exigir más ética a las plataformas?
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